Pulso político en el Capitolio: Cepeda y Valencia chocan por el uso electoral del Congreso
El reinicio de las sesiones en el Congreso de la República dejó claro que la campaña presidencial ya se instaló dentro del Capitolio. El cruce entre Iván Cepeda y Paloma Valencia no solo marcó el tono de la jornada, sino que evidenció una tensión de fondo: ¿puede el Congreso mantenerse como un espacio estrictamente legislativo en medio de una contienda electoral activa?
Ambos senadores, figuras visibles del Pacto Histórico y el Centro Democrático, protagonizaron un intercambio que refleja la polarización política actual y anticipa un periodo legislativo atravesado por intereses electorales.
Un llamado a la prudencia que desató la polémica
La chispa inicial la encendió Iván Cepeda, quien antes de entrar a la plenaria hizo un pronunciamiento con el que buscaba marcar una línea roja: no convertir el Congreso en tarima de campaña.
El senador planteó que el uso del micrófono institucional y de los recursos públicos debe limitarse al ejercicio legislativo, especialmente en los meses previos a las elecciones. Su mensaje, aunque general, tuvo destinatarios claros: los congresistas que, como él, aspiran a la Presidencia.
Cepeda insistió en que el país necesita debates serios, no discursos electorales dentro del recinto legislativo. Además, reiteró que continuará en su curul, defendiendo su papel como congresista mientras desarrolla su aspiración política.
Valencia responde: el debate se traslada al Gobierno
La reacción de Paloma Valencia fue inmediata y frontal. En lugar de centrarse en el Congreso, la senadora llevó la discusión hacia el Ejecutivo, cuestionando el papel del gobierno de Gustavo Petro en el proceso electoral.
Valencia sostuvo que existe una contradicción en el discurso del oficialismo: mientras se pide no hacer campaña en el Congreso, el Gobierno —según su denuncia— estaría utilizando recursos públicos para influir políticamente.
En particular, mencionó una inversión cercana a 2 billones de pesos en eventos y publicidad, lo que, a su juicio, configura una participación indirecta del Ejecutivo en la campaña del Pacto Histórico.
Con este planteamiento, la senadora no solo respondió al llamado de Cepeda, sino que lo deslegitimó, sugiriendo que la neutralidad institucional ya estaría comprometida desde el Gobierno.
Dos narrativas en disputa
El intercambio entre Cepeda y Valencia pone sobre la mesa dos narrativas opuestas sobre el momento político del país.
- La postura de Cepeda: defender la separación entre funciones institucionales y campaña electoral, apelando a la ética pública y al uso adecuado de los recursos del Estado.
- La postura de Valencia: denunciar una supuesta intervención del Gobierno en la campaña, lo que, en su visión, justifica que el debate político se dé en todos los escenarios, incluido el Congreso.
Esta confrontación no es menor. Refleja una disputa por el control del relato político: quién está actuando dentro de las reglas y quién las estaría vulnerando.
Permanecer o renunciar: decisiones estratégicas
Otro punto clave del episodio es la diferencia en la estrategia política de ambos candidatos frente a su permanencia en el Congreso.
Iván Cepeda fue enfático en que no renunciará a su curul. Su decisión sugiere una apuesta por mantener presencia institucional y aprovechar el escenario legislativo como plataforma de visibilidad política, sin abandonar sus funciones.
En contraste, Paloma Valencia dejó abierta la posibilidad de renunciar, dependiendo de la intensidad del trabajo en el Congreso y de las exigencias de la campaña.
Esta diferencia refleja dos formas de entender la relación entre cargo público y aspiración electoral: una que apuesta por la simultaneidad y otra que evalúa una eventual separación de roles.
El cruce directo: de las declaraciones al enfrentamiento
La tensión no se quedó en declaraciones a medios. Durante la plenaria, el enfrentamiento subió de tono.
Paloma Valencia retó a Iván Cepeda a debatir fuera del Congreso, sin discursos preparados, en una clara intención de llevar la confrontación a un terreno más político y menos institucional.
Además, lanzó críticas contundentes a la política de seguridad del Gobierno, cuestionando los resultados de la estrategia de “paz total” y mencionando cifras de homicidios como argumento central.
La intervención tuvo un doble objetivo: confrontar al Gobierno y golpear directamente la credibilidad política de Cepeda como uno de sus defensores.
Más voces, más tensión
El ambiente de confrontación se amplió con la participación de otros actores políticos.
La senadora María José Pizarro intervino para respaldar al Gobierno y al Pacto Histórico, asegurando que su proyecto político volverá a imponerse en las elecciones. Su discurso reforzó la idea de que el Congreso ya está inmerso en la lógica electoral.
Por otro lado, el senador Jota Pe Hernández, de la Alianza Verde, protagonizó otra controversia al cuestionar el liderazgo de Aída Quilcué, fórmula vicepresidencial de Cepeda.
Sus declaraciones pusieron en duda el papel de Quilcué como líder social en el Cauca, lo que generó una respuesta inmediata del Pacto Histórico, que defendió su trayectoria y su trabajo con comunidades indígenas.
Un Legislativo en modo campaña
Lo ocurrido en esta jornada refleja una transformación evidente: el Congreso está operando, en gran medida, como un escenario de campaña.
Las intervenciones ya no solo buscan incidir en proyectos de ley, sino también posicionar mensajes políticos, marcar diferencias ideológicas y conectar con el electorado.
Esto genera varios desafíos:
- La delgada línea entre debate legislativo y discurso electoral.
- El riesgo de uso indebido de recursos públicos.
- La afectación de la agenda legislativa por la confrontación política.
- La creciente polarización dentro del recinto.
En este contexto, la propuesta de separar campaña y Congreso parece difícil de implementar en la práctica.
Lo que está en juego
Más allá del choque entre Cepeda y Valencia, el episodio plantea preguntas de fondo sobre el funcionamiento de las instituciones en tiempos electorales.
¿Es posible mantener la neutralidad del Congreso cuando varios de sus miembros son candidatos presidenciales?
¿Dónde se traza la línea entre control político y proselitismo?
¿Quién vigila el uso de los recursos públicos en medio de la campaña?
Estas preguntas no tienen respuestas simples, pero serán clave en los próximos meses.
Un anticipo de lo que viene
Todo indica que este fue apenas el primer capítulo de una serie de confrontaciones que se intensificarán a medida que avance el calendario electoral.
El Congreso seguirá siendo un escenario central de disputa, no solo por su visibilidad, sino por su capacidad de influir en la opinión pública.
En ese terreno, tanto Iván Cepeda como Paloma Valencia ya dejaron clara su estrategia: confrontar, marcar posiciones y disputar el relato político desde todos los espacios posibles.
El resultado es un Legislativo en tensión, donde cada palabra pesa, cada intervención cuenta y cada debate puede convertirse, más que en una discusión parlamentaria, en un movimiento dentro de la carrera por la Presidencia de Colombia.