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La salida de Iván Cepeda de la consulta reconfigura el tablero de la izquierda y debilita la estrategia del petrismo rumbo a 2026

La salida de Iván Cepeda de la consulta reconfigura el tablero de la izquierda y debilita la estrategia del petrismo rumbo a 2026
  • Publishedfebrero 6, 2026

La decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) de excluir a Iván Cepeda de la consulta presidencial del Frente por la Vida no solo alteró el cronograma de la izquierda, sino que puso en evidencia las fragilidades internas del proyecto político que hoy gobierna el país. En cuestión de horas, el petrismo pasó de planear una contienda unificada a enfrentar un escenario de dispersión que amenaza con restarle fuerza en el arranque formal del ciclo electoral de 2026.

El plan original del presidente Gustavo Petro apostaba por una gran consulta intersectorial que reuniera a las distintas vertientes de izquierda y centroizquierda, permitiera medir liderazgos y, sobre todo, demostrara capacidad de movilización frente a la derecha. La exclusión de Cepeda frustró esa hoja de ruta y dejó al Frente por la Vida sin su figura más competitiva.

Ante el fallo, el senador decidió tomar distancia del mecanismo de consulta y optar por la inscripción directa a la primera vuelta presidencial. Aunque recibió el respaldo inmediato del Pacto Histórico y de los sectores más ideológicamente cercanos al Gobierno, su salida dejó un vacío difícil de llenar en términos de reconocimiento, estructura territorial y potencial electoral.

Lejos de cerrar filas, la izquierda reaccionó con movimientos paralelos. Roy Barreras, uno de los principales impulsores de la consulta, optó por mantenerla viva y anunció la conformación de un nuevo bloque de precandidatos que será inscrito ante la Registraduría. Su apuesta busca evitar que marzo se convierta en un escenario dominado exclusivamente por la derecha y la centroderecha, que ya avanzan en la organización de su propia gran consulta.

Al mismo tiempo, Carlos Caicedo confirmó que competirá por fuera de cualquier mecanismo colectivo, con una candidatura independiente que se apoyará en su fortaleza regional en el Caribe. El resultado es un panorama fragmentado, con al menos tres rutas distintas dentro del mismo espectro ideológico, sin una instancia clara de convergencia.

Esta dispersión tiene implicaciones profundas. Sin una consulta unificada, la izquierda pierde la oportunidad de exhibir músculo electoral en marzo, un momento clave para marcar agenda, atraer atención mediática y generar narrativa de triunfo anticipado. Además, se debilita la capacidad de contrastar fuerzas con los bloques opositores en igualdad de condiciones.

Los antecedentes refuerzan esta preocupación. En la consulta de octubre pasado, la competencia entre Iván Cepeda y Carolina Corcho logró convocar a cerca de 2,8 millones de votantes, pese a las dificultades logísticas y a la falta de una estructura completamente consolidada. Para muchos sectores del petrismo, ese resultado demostraba que una consulta más amplia podía convertirse en una plataforma poderosa para el proyecto político oficialista.

Roy Barreras ha insistido en ese diagnóstico. En mensajes dirigidos a las bases del Pacto Histórico, ha advertido que renunciar a la consulta implica regalarle el escenario político a la derecha, que podría capitalizar una alta participación y presentarse como la única fuerza con capacidad real de movilización nacional.

Pero el impacto no se limita a la carrera presidencial. La ausencia de una figura fuerte en marzo afecta directamente las aspiraciones legislativas del petrismo. Sin un candidato presidencial que arrastre votos, las listas al Senado y la Cámara pierden una ventaja competitiva clave, justo en un momento en el que la gobernabilidad futura dependerá de mayorías sólidas en el Congreso.

Desde el punto de vista electoral, la exclusión de Cepeda resulta especialmente costosa. Analistas coinciden en que era el aspirante mejor posicionado en las encuestas internas, con mayor recordación y una red política construida durante años. Su ausencia reduce significativamente la probabilidad de que la consulta restante alcance cifras cercanas a las de octubre.

En el plano financiero, la decisión del CNE también tiene consecuencias. Cepeda aseguró una reposición de votos cercana a los 10.000 millones de pesos tras la consulta anterior, pero quedó por fuera de un escenario que habría incrementado notablemente ese respaldo económico. Estimaciones hechas desde el Congreso indican que una consulta con mayor participación le habría permitido acceder a recursos adicionales por reposición, fundamentales para sostener una campaña presidencial competitiva.

Así, la decisión del CNE no solo redefine el camino individual de Iván Cepeda, sino que obliga a la izquierda a replantear su estrategia general. Con un proyecto dividido, liderazgos en competencia y sin un mecanismo común de legitimación, el petrismo entra en la carrera hacia 2026 en condiciones más complejas de las que había previsto.

El desafío ahora será doble: evitar que la fragmentación se traduzca en una derrota temprana y construir, contra el reloj, un relato de unidad que permita disputar el poder en un escenario cada vez más competitivo y polarizado.

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